Facebook Jueves, 23 abril 2015

Sobre la eterna discusión del rescate de los rehenes de la casa del embajador japonés

Foto: Peru21.

Foto: Peru21.

Escribe: Roberto Bustamente

Reconozco que los límites de mi tolerancia acaban cuando me encuentro con personas, que por más afinidad de sangre o de amistad, obvian la evidencia, las razones y cualquier argumento lógico, para terminar justificando el sicariato, las ejecuciones extrajudiciales, la tortura, apelando a un supuesto bien común nacional.

Uno de los peores legados del fujimorismo fue, en ese sentido, pervertir un triunfo del país, el rescate de los rehenes de la casa del embajador japonés, con el tufo del crimen de lesa humanidad. Como una especie de Anti-Midas, donde en vez de convertir en oro todo lo que tocan, los fujimoristas tienen esa capacidad increíblemente extraordinaria, valga la exageración, de transformarlo todo en porquería y pobredumbre. El éxito económico en memoria del saqueo a maletines llenos; la política en valoración del pendejo y del pendejo y medio; una batalla ganada, en un bacanal de tortura, violación y asesinato. Prácticamente no hay un solo tema en el que el fujimorismo, cuando fueron gobierno, no lo hayan convertido en cloaca. Allí están los cientos de juicios y sentencias a ministros, generales, coroneles, fiscales, jueces, broadcasters, congresistas y el propio expresidente Fujimori.

Entonces, claro, cada 22 de abril tenemos que escuchar otra vez, como una letanía, que no se quiere reconocer a los héroes del rescate. Por supuesto que hay que reconocerles. Yo no lo dudo. Pero al mismo tiempo, si es que queremos ir avanzando, no deberíamos caer en la trampa que el fujimorismo nos ofrece todo el tiempo: o estamos con ellos o contra ellos.

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