Facebook Miércoles, 29 abril 2015

Feliz cumpleaños, Willie Colón, voz del diablo

El hombre. Foto: Nadie sabe de mis cosas.

El hombre. Foto: Nadie sabe de mis cosas.

Escribe: Nadie sabe mis cosas

Willie Colón cumple hoy 65 años, la edad de la jubilación. Aunque se ha pasado algunos años anunciando su retiro, y en lo que va del milenio ha grabado un solo álbum, la fecha sirve de excusa perfecta para hablar de él. De un tiempo a esta parte, su trayectoria parece haberse reducido a las tres o cuatro canciones famosas a las que puso su voz (Idilio, Talento de Televisión, El gran varón, por ejemplo), y se va haciendo menos claro que, con el respeto que merecen todos esos éxitos, Willie es mucho, pero muchísimo más: su presencia es varias veces fundamental en la historia musical de América Latina, y sin él no existiría eso que llamamos salsa dura, o no sería lo que es, o no se llamaría así (y definitivamente no sería lo que es).

La ocasión, decíamos, sirve para hablar de él. Esta lista no enumera canciones ni anécdotas ni méritos, pero hay un poco de todo eso. No intenta revelar secretos a los conocedores ni evangelizar a los paganos, pero pone la música sobre la mesa, y eso nos justifica.


1. El barrio

Willie nació en el Bronx de 1950. Era un barrio dividido, marginal y peligroso. Fue criado por su abuelita materna, Antonia: su mamá lo tuvo a los dieciséis años y no podía encargarse de él, y su papá, a quien él creía destacado en el ejército norteamericano, entraba y salía de la cárcel (y terminó por suicidarse). Willie era el único varón de la casa: allí vivían su abuela, su hermana y su tía. No tenían quién los defendiera y él, desde pequeño, se vio obligado a hacerse el grande y el fuerte para que no los pisotearan. Esa imagen de buscapleitos, según él mismo cuenta, le valió el apodo de El Malo.

Willie era, además, un nuyorican (puertorriqueño nacido en Estados Unidos). Los latinos se ubicaban en el peligroso escalón intermedio entre los afroamericanos, abiertamente discriminados, y los blancos. Por su color de piel, por su tamaño y su acento, Willie no tenía salida: no podía hacerse pasar por irlandés o italiano. La verdad es que tampoco quiso simularlo: en algún momento de esos primeros años, asumirse puertorriqueño fue una manera de dejar de huir y también de afirmarse.


2. El instrumento

Foto: coveralia.com

Foto: coveralia.com


Willie aprendió en la escuela a tocar la flauta. Luego, el clarinete. Su abuela vio en ese camino la posibilidad de que el niño tuviera una actividad que lo distrajera de otras menos productivas. Por eso, a los once años le compró una trompeta. Y luego, el chico se consiguió un trombón: de la flauta al trombón hay un largo camino en que los vientos dejan de ser armoniosos y se hacen violentos, callejeros. No basta con ser latino y hacer música: el instrumento también debe ser insolente. Willie era además un adolescente impetuoso y es probable que sus primeros intentos fueran más bien atropellados. Dicen que también por eso le pusieron El Malo.


3. La banda

A los dieciséis años, Willie fue reclutado por Jhonny Pachecho y Jerry Masucci, los productores del sello Fania Records, una disquera joven que buscaba hacerse un lugar en el mercado latino de Estados Unidos. Como era menor de edad, sus contratos los firmaba su mamá. Willie tenía para entonces una banda y un proyecto de álbum entre manos. Tenía incluso un cantante. Pero Johnny Pacheco le presentó a otro, un joven puertorriqueño, de Ponce, que tenía relativamente poco tiempo en Nueva York. Se escucharon mutuamente. El joven, que todavía se llamaba Héctor Pérez Martínez, opinó que la banda de Colón tocaba horrible y aceptó grabar con ellos un solo disco, casi como un gesto de cortesía, antes de hacer su propio camino. Willie, en cambio, encontró a un jíbaro real, que no hablaba inglés, que había crecido escuchado y cantando los ritmos típicos de la Isla. Puerto Rico, la música, la abuela, la calle. Todo estaba allí. El disco salió al mercado en 1967 y llevó por nombre, cómo no, El Malo. Y fue el primero de los diez que Willie Colón y Héctor Lavoe grabaron juntos.


4. Hacha y machete

Foto: coveralia.com

Willie y Héctor. Foto: coveralia.com

Lo que sigue es brutal. Willie y Héctor comenzaron pagando derecho de piso, y tocaron lo que por entonces estaba de moda en los clubes del barrio: boogaloo, sobre todo. Luego, fueron acercándose más a sus dos fuentes principales: la música tropical tradicional y el sonido de la calle. Ambas son fundamentales: de un lado, Willie recogió ritmos como la bomba y plena, el aguinaldo y el son montuno, pero los adaptó a sus intenciones. Y del otro, reflejó en las letras la vida de los barrios marginales de Nueva York, la delincuencia, las drogas y el amor. Sus primeros discos, El Malo (Borinquen, El Malo), The Hustler (Qué lío, Eso se baila así) y Guisando (No me den candela, Te están buscando), son testimonios de esa lucha interna entre la tradición y la moda, el trópico y la calle.

El punto más alto de ambas corrientes explota en los dos siguientes discos: Cosa nuestra (1970) y Asalto Navideño (1971). La banda cambia de músicos (entran a escena el profesor Joe Torres en el piano, Milton Cardona en las congas y José Mangual Jr. en el bongó). En el primer álbum aparecen las primeras canciones que ahora conocemos como salsa-salsa: Juana Peña, Sonero Mayor, y se incluyen temas maravillosos como Che che colé (que se nutre directamente del África) y Te conozco (bacalao), así como el bolero Ausencia. Asalto Navideño es una apuesta por la música tradicional puertorriqueña: Willie está obsesionado con hacer un homenaje a la música de su abuela, y decide grabar un disco de villancicos criollos. Convoca entonces a Yomo Toro, un conocido cuatrista borinqueño, y trabajan juntos en uno de los discos más genuinos de la salsa, que incluye temas como Canto a borinquen, Esta Navidad y La murga.

Foto: http://www.buscasalsa.com/

La legendaria portada de su disco. Foto: http://www.buscasalsa.com/

Lo que viene es todavía mejor: inician una trilogía mafiosa compuesta por los álbumes The Big Break (La gran fuga, 1971), El Juicio (1972) y Lo mato (1973). En verdad, aunque vivas de espaldas a la salsa, de todas maneras has escuchado alguna de las canciones de estos discos: Sigue feliz, Barrunto, Aguanilé, Ah ah oh no, Todo tiene su final, El día de suerte, Calle luna Calle sol. Allí está la herencia de esa pareja que explotó sus límites creativos a un punto en que ya no se podía avanzar más.

Después, la separación. Por un lado, Fania quería separar a los cantantes de las orquestas para generar más bandas. Por otro, Willie y Héctor ya habían llegado hasta donde podían, y la convivencia misma, y las drogas y la impuntualidad estaban afectando su relación. Nunca dejaron de ser amigos: los discos como solista de Héctor los produjo Willie y, en pareja, grabaron un último álbum: Vigilante (1983), donde están Juanito Alimaña y Triste y vacía. En De ti depende, la segunda producción solista de Héctor Lavoe, hay una canción que se llama Hacha y machete, y que parece hablar de la amistad entre ambos.


5. Abuelita


Ya sabemos que la abuela de Willie es determinante en su vida. Incluso él le dedicó una canción, Abuelita, que aparece en The Big Break. Izzy Zanabria, diseñador y presentador de Fania, cuenta que a él se le ocurrió la idea de la portada de este disco. Willie seguía la onda del gánster, y las portadas representan esa evolución. Izzy lo llevó a un estudio, le sacó fotos de frente y de perfil y puso sobre ellas el conocido anuncio de WANTED. Con esa portada hicieron afiches y empapelaron las calles de Nueva York para promocionar el disco. Una de las amigas de la abuela de Willie, que tampoco hablaba inglés, vio uno de los afiches y se asustó tanto que fue corriendo donde doña Antonia para advertirle que su nieto era buscado por el FBI. Willie mismo tuvo que explicarle a la abuela que se trataba de una estrategia publicitaria.


6. Mocoso malcriado

Dirán que son otros tiempos, que ya la gente no vive con esa prisa, que dadadá, qué me importa: entre 1967 y 1973, Willie Colón produjo nueve discos junto a Héctor Lavoe. Es decir, todas las canciones de esos álbumes, muchas de las cuales integran la discografía básica de la salsa, fueron trabajadas y sacadas al mercado entre los 17 y los 23 años de Willie Colón. Claro, otros tiempos, otros casos similares, lo que quieran. No deja de ser impresionante. ¿Cuántos hemos llegado a esa edad sabiendo siquiera qué queremos hacer con nuestra vida?

 

7. La transición

En 1978, Willie Colón dirige un concierto acompañado, en ese orden, de Rubén Blades, Héctor Lavoe y Celia Cruz. La presentación es simbólica porque resume sus veinte años: la historia con Héctor, el sueño de tocar con Celia, el reto de darle tribuna a Rubén.

Y lo logra:

 

8. La salsa consciencia

Willie Colon y Rubén Blades. Foto: http://www.coveralia.com/

Willie Colon y Rubén Blades. Foto: http://www.coveralia.com/

A fines de los setenta, Willie recibe a Rubén Blades, un joven abogado panameño que llegó a Fania como mensajero, y tiene algunas composiciones pero todavía no ha dado el salto. El giro entre la música hecha desde la calle y la música que habla sobre la calle es fundamental: Blades es consciente de que no está allí para reemplazar a Lavoe, y su propuesta funciona, más bien, como una ruptura con la salsa hasta entonces conocida.

El disco con que se abre esta etapa es de 1977 y se llama Metiendo mano! (Plantación adentro, Según el color). Le sigue el disco más vendido de la historia de la salsa: Siembra, que incluye canciones como Plástico y Pedro Navaja. Además, Willie acompañará a Rubén en la producción de Maestra Vida (El nacimiento de Ramiro, Déjenme reír (para no llorar); Maestra Vida, Carmelo, después), el disco ópera más importante del género.

La sociedad Blades/Colón es el canto de cisne de la salsa dura: Fania entra en crisis, el público latino se deja arrastrar por las modas anglosajonas, la época de oro se acaba. Rubén y Willie todavía no ceden tan fácilmente a la salsa sensual (cada uno lo hará luego, aunque sin quedarse en ella), y deciden dar la batalla hasta el final. Sus dos últimos discos se llaman Canciones del solar de los aburridos y, precisamente, The last fight.

Luego se separaron, volvieron a juntarse, se pelearon. No se hablan y, al parecer, no van a reconciliarse. Siempre que le preguntan a Blades por el asunto, dice que no importa lo que pase ahora: su música está ahí y eso es lo que hicieron juntos.

 

9. Willie por todas partes

Foto: http://www.eluniversal.com.co/

Foto: http://www.eluniversal.com.co/

Además de sus producciones más conocidas (las de las etapas con Lavoe y Blades, y luego las ochenteras y noventeras como solista), Colón ha aprovechado su espacio como músico para explorar otras fórmulas, menos populares y menos requeridas por el mercado, pero siempre interesantes. Tiene, con Mon Rivera, un disco que se llama Se chavó el vecindario; sacó un álbum instrumental que se llama El baquiné de Angelitos Negros. Desde los 17 años hasta ahora, ha grabado más de cuarenta producciones propias. Ha trabajado como músico, compositor, cantante, arreglista y productor musical. Ha colaborado con algunos de los cantantes más importantes de toda la historia de la salsa, como Celia Cruz e Ismael Miranda. Formó los dos duetos que, de momento, me parecen los más importantes del género (exceptuando a Richie Ray y Bobby Cruz). Ha actuado en cuatro películas y tres novelas. Tiene un Grammy a su trayectoria y un doctorado honoris causa. Ha liderado luchas por los derechos civiles de la comunidad latina en Nueva York y en el resto de Estados Unidos. Y además le gusta navegar y programar computadoras. En su vida caben unas cuantas vidas bien vividas.

 

10. Diez canciones de Willie

De ninguna manera esta es una lista de sus mejores canciones o de las más conocidas. Es una selección personal, por supuesto. Y es, también, una pequeña secuencia fiestera que podría servir como invitación para quienes lo conocen poco, o como excusa para volver a su música. Una recomendación: súbele el volumen a los audífonos. Y que la fiesta sea.

1. Timbalero
2. Eso se baila así
3. Aguanilé
4. Juana Peña
5. Piraña
6. Ligia Elena
7. Copacabana, Ipanema, Leblón
8. Plástico
9. El gran varón
10. Cuando me muera

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