Facebook Miércoles, 4 noviembre 2015

Breve recuento (des)motivador de las opciones presidenciales para el 2016

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wuju, ké mosión

Escribe José Carlos Yrigoyen

Desde que tengo derecho a voto, es decir, en algún punto de principios de los años noventa, no recuerdo unas elecciones donde mi entusiasmo esté tan cercano a cero. Solo pensar en las elecciones de abril 2016 me produce un hastío insuperable que nunca había experimentado. Reviso la nómina de candidatos y el desaliento me envuelve pero mal.

1. Nunca votaría nunca por Keiko Fujimori

keiko fujimori

Nunca Imagen: vía gestion.pe

Nunca es nunca. Su táctica de renovación es astuta, pero no me la creo. Porque diga lo que diga, sigue rodeada de la misma gente que estructuró la dictadura de los noventa, esa misma que repudiamos todos, contra la que marchamos (sí, sé que ya aburre hablar de las heroicas marchas del 2000, pero sí, pues, yo estuve ahí y no me olvido por qué marché). No puedo votar por una candidata que sigue diciendo que el gobierno de Fujimori –el de la Cantuta, Barrios Altos, los miles de dólares robados- es el mejor de la Historia. No hay forma. No puedo votar por una candidata que va a seguir colocando a Martha Chávez, Luz Salgado y a Aguinaga en su lista parlamentaria como si ellos hubieran hecho una aunque sea mínima autocrítica. Ni por alguien que trabaja junto a Jaime Yoshiyama, quien fue ministro de la dictadura incluso antes del CCD. No me da para tanto. Imposible.

2. Nunca votaría por Alan.

Confieso que se me pasó por la cabeza pero no, la sinvergüencería tiene un límite. No merece gobernarnos tres veces. Si me apuran, ahora pienso que no debió gobernarnos ni una sola. Son demasiadas cosas para poder perdonárselas: el Frontón, el BCCI, los Mirage, los narcoindultos, los petroaudios, la plata llega sola, los ciudadanos de segunda clase, el Baguazo. Una persona que ha cometido todos esos crímenes y atropellos y que no ha purgado ni un solo día en la cárcel, que no ha enfrentado un  solo juicio en su vida, no merece tamaño premio. Alan García no es el mal menor. Hace años dejó de serlo. Ha convertido a un partido como el Apra en su feudo personal y lo ha estancado históricamente dos décadas por lo menos. Solo en un país como este un tipo así puede gozar de la más absoluta impunidad. Estas elecciones deberían ser la oportunidad ideal para enterrarlo políticamente de una buena vez.

3. No puedo votar por PPK.

Porque aun considerando que es algo más limpio que los dos anteriores, me sentiría votando por el PPC de Bedoya de 1985. Es un tipo que representa un Perú que ya no existe y al que solo algunas personas que se niegan a aceptar el Perú pueden tomar como una opción válida. Me basta recordar que mucha gente en el 2011 votó por él porque le daba asquito votar por un cholo como Toledo, que proponía más o menos lo mismo. Por PPK no se puede.

4. He votado por Toledo dos veces…

en el 2000, otra en el 2001, y luego en la primera vuelta del 2011. Pero no más. No se puede votar por un tipo que no solo miente de manera desbordante, sino que además tampoco sabe mentir. Un tipo además que moralmente se ha desacreditado solo. Y que se embarca nuevamente en una campaña solo por un interés de ambición personal. No fue un mal presidente, es cierto. Pero también es verdad que ya no tiene nada que ofrecernos.

5. No puedo votar por Lay ni por Acuña.

Nunca. Foto: El Comercio

Nunca.
Foto: El Comercio

El primero es un tipo que está convencido de que el Perú es un país donde el feminicidio es un mito, los derechos de los homosexuales un capricho, el aborto un pecado y que las cosas, en resumen, están bien como están. Tampoco puedo votar por Acuña, porque, en una sola frase, es un mafioso comprobado que cree que todo (y que todos) tiene un precio. Ninguno de los dos es una opción.

6. Finalmente, no puedo votar por Verónika Mendoza

Es una mujer bien intencionada, no me cabe duda, pero vamos, una mujer que titubea ante un par de arremetidas de Sol Carreño en una entrevista, que repite conceptos etéreos y nebulosos cuando le preguntan cuál es su plan de gobierno, que afirma que un régimen como el venezolano es “una democracia imperfecta” (y que, de tomar el poder, avalaría todos los abusos del chavismo en los foros internacionales) y que cuando le preguntan sobre su plan económico dice cosas que recuerdan tal cual al primer gobierno de Alan García no puede ser una opción tampoco. Verónika Mendoza es un cuerpo joven repleto de ideas confusas y decrépitas. No representa la izquierda democrática y moderna que quiero para mi país. Y no es el tema de que yo quiera “la izquierda que desea la derecha”. La izquierda que desea la derecha es esa del 1% de los votos que tenemos hace un cuarto de siglo. Nada me indica que eso va a cambiar.

Así estamos, pues. Si la cosa está entre decidir entre Von Hesse y Guzmán, vamos muertos. Pero hasta ahora, esa parece ser el escenario.

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