Elecciones 2016 , Facebook , feis , noticias , politica , sociedad , violencia Sábado, 7 mayo 2016

«Con el control absoluto del estado, no sólo habrá represión, sino la ostentación de su fascismo»

Foto vía: lamula.pe

Foto vía: lamula.pe

Escribe: Eduardo González-Cueva

El fujimorismo es peor

La gente tendrá que pelear de todas maneras, después de estas elecciones, para defenderse de un modelo económico que destruye a las personas: como trabajadores, porque los explota; como consumidores, porque los estafa. Peleará –como siempre lo ha hecho- por su memoria, por sus derechos, por dignidad.

Y, como siempre ocurre en nuestro país, esa lucha será dura y costosa. Cuántos profesionales sufrirán represalias por resistirse a coimear o estafar; cuántos perderán sus trabajos por defender un salario justo; cuántos chicos serán apaleados por protestar; cuántos ciudadanos, en una provincia abandonada, lejos de las cámaras, sin redes sociales, se enfrentarán a una policía de gatillo fácil.

Pero si hay un gobierno dirigido directamente por el fujimorismo, la lucha no será solamente con la policía, sino masa contra masa. Ya se ve en ellos algo más que mero clientelismo pasivo: ahí están, dispuestos a pintarrajear los lugares de memoria, a agarrar a puñetazos a manifestantes, listos a tomar la piedra o el garrote. Y con el control absoluto del estado, no sólo habrá represión, sino silencio en el mejor de los casos, o desparpajo y ostentación de su fascismo.

No se gana la lucha por la justicia social en un solo episodio dramático. Se avanza en una miríada de batallas, grandes y pequeñas, públicas y privadas. En miles de actos de libertad. Luchar contra el modelo económico y una derecha patrimonial y agónica es el terreno menos malo para esa lucha de trincheras.

La imposición de un segundo fujimorismo, por el contrario, resultará en la resistencia de algunos, seguramente los más valientes y conscientes, los que de todos modos hubieran luchado. Pero, para la gran mayoría, será simplemente desmoralización, hartazgo, hastío, repliegue a la vida privada, a la supervivencia y a esa sensación de grisura que fueron los 90.

Porque, si no lo recuerdan, el fujimorismo no fue una sucesión de luchas cada vez mayores, hasta llegar a los Cuatro Suyos. Hubo luchas y revueltas, claro, pero ante todo hubo miedo, prejuicio, envilecimiento, desconfianza, represión selectiva. Y –peor- hubo la destrucción de las bases populares de la izquierda y su absorción por un clientelismo grosero que se implantó en todas las zonas que antes votaban a la izquierda, corrompiendo dirigentes y organizaciones.

Marcha de los cuatro suyos. Foto: El Comercio

Marcha de los cuatro suyos.
Foto: El Comercio

Votar para detener al fujimorismo, in extremis, con frustración y cólera, es necesario. Es, además, la continuación y la protección de lo que se ha logrado, con la tentativa reconstrucción de una alternativa política popular. Y es, por último, lo más inteligente para que las futuras luchas, que no se van a ir a ninguna parte, se enfrenten con mejor perspectiva de victoria.

El fujimorismo es peor. No puede ganar el 5 de junio.

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