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Reynaldo Arenas cuenta su experiencia de ser cholo en Lima

Escribe: Marco Avilés

Una mujer que conducía borracha le gritó a la policía que la estaba arrestando: “Idiota, imbécil, india de mierda. Porque eso es lo que eres: una india. Idiota de quinta categoría, chola de mierda. Chola asquerosa, de Huallanquina (sic), seguramente”. La agresora se llama Ana Videla, tenía 37 años y un juez la envió a prisión preventiva por cinco meses. La ciudad donde ocurre esta historia es Lima, y aunque parezca un fresco típico del atraso peruano, el final no lo es: que ahora te manden a la cárcel por cholear es un adelanto.

El actor Reynaldo Arenas cuenta en este video su propia experiencia de cholo en una ciudad, un país, donde ser cholo a veces equivale a ser un animal.
“Serrano, guanaco, llama. ¿Qué hace una vicuña acá en la capital”, recuerda que le decían sus compañeros, y añade: “Ir al colegio era un martirio, era como ir al infierno”.

actor

Reynaldo Arenas le cuenta su experiencia a una alumna. Imagen: Captura de video

Soy cholo, serrano, nieto de india, o sea, indio. Para sobrevivir a la escuela, y a la vida, mi estrategia siempre fue callar mi historia. Nunca decía dónde había nacido. Ni de dónde venían mis padres. Ni quiénes eran mis abuelos. Si veía que los más fuertes agredían a un cholo, hasta aparentaba disfrutar el espectáculo. Aplaudir me blanqueaba.

Más adelante, cuando ya era adulto, tampoco me gustaba decir dónde había vivido, porque suponía contar que había crecido en un barrio de las afueras rodeado de cerros polvorientos, y esto era reconocer mi choledad porque los cholos habitaban esos lugares.

Ser cholo es vivir en un permanente debate interior. Voces en tu cabeza que te dicen: ¿Cómo es posible que te avergüences de tu abuela? No, no digas que naciste allá. Nunca invites a la gente a tu casa. Y así pasan los días hasta que por un milagro del destino un rayo de lucidez te cae y te desahueva por completo, y te ayuda a decir ya sin problemas que eres cholo. Entonces todo ese pasado que habías mantenido a oscuras se ilumina, y ahora, por fin, eres dueño de tu propia biografía. Porque no hay nada más liberador que poder contar tu historia sin complejos.

Lo cholo, la choledad, es una fortaleza, un recurso, un capítulo de nuestra historia que debemos atrevernos a reconocer.

Los cholos no son la esencia del país (tampoco nos confundamos). Solo son una de las fuentes que lo alimentan, como todas esas culturas que ahora aprendemos a reconocer en nuestra mesa. ¿Es hora de mirar más allá de nuestro plato de comida?