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Santiago Fortunato, una víctima más del Grupo Colina

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Foto: Facebook Gloria Cano

Escribe: Gloria Cano

Santiago Fortunato trabajaba en un chifa y como jardinero en algunas casas. Un día, se enamoró y decidió irse a vivir con ella. Le pidió a una tía que le alquilará un cuarto en un asentamiento humano en Chorrillos. Él había ingresado a la iglesia israelita, tenía el pelo largo y barba, pero se afeito y se corto el cabello para agradarle más a la chica de quién se había enamorado.

Llevaba una semana en el cuarto y la madrugada del 9 de julio de 1992, un grupo de hombres y una mujer ingresaron a la casa preguntando por una persona. Lo golpearon. Él dijo “yo no soy, soy evangélico”, les entregó su libreta electoral, y vieron que en la foto tenía el pelo largo. “No, eres tú”, le dijeron, y a golpes se lo llevaron y lo subieron a una camioneta, mientras la dueña de la casa y la joven que estaba con Santiago quedaron atadas y llenas de terror.

Doña Margarita, madre de Santiago, lo busco por todos lados. Aún me estremezco cuando recuerdo que me decía que llegó a la carceleta de Palacio de Justicia y le dijeron: sí, aquí está. “¡Gomez Palomino!”, llamaron, y cuando salió no era él, tenía el mismo apellido, pero no era él.

Luego del año 2000, un fiscal conoció de un caso de un hombre que había sido enterrado en la playa la Chira por miembros del grupo colina, buscó hasta saber quién era ese hombre del que solo sabían que era “evangelista” y vivía en Chorrillos. Pero pasaron años buscando en esa playa sin resultado, hasta que otro fiscal insistió en la búsqueda y su cuerpo fue encontrado ahí en una pequeña fosa, junto a una gran roca entre las playas La Chira y la Herradura.

Los datos entregados por la familia coincidían: el pantalón, los zapatos “chanclas” que logró colocarse. Tenía sus manos atadas a un trapo en la cabeza. Margarita pudo velarlo y enterrarlo. Llorarlo, rezarle, acariciar su foto sin atormentarse pensando que “podría estar por ahí como loquito sin recordar nada”.

Hoy, 24 años después, aún no hay sentencia. Desde hace meses, los alegatos y defensa de los miembros del Grupo Colina alargan el proceso judicial ante la indiferencia del Poder Judicial. Hoy Margarita ya no está, pero hay muchas madres que siguen buscando y la esperanza es que el nuevo gobierno cumpla con dar el presupuesto necesario para que la ley de búsqueda de desaparecidos no sea letra muerta, que podamos así velarlos y enterrarlos, porque los 15 mil desaparecidos nos faltan a todos.

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