Facebook , feis , noticias Jueves, 13 octubre 2016

“Cuestionar ese Nobel porque sus letras se cantaron en lugar de encuadernarse es una tontería”

Imagen: TN Relaciones

Imagen: TN Relaciones

Escribe: Jimena Ledgard

Nunca he podido escribir algo sobre Dylan, a pesar de que nadie me ha acompañado tanto como él en mi vida. Todos mis usuarios en redes llevan su nombre y hay amigos que me transportan a la nostalgia adolescente cuando me siguen llamando así en la vida real. En la última década y media, en la que he pasado del jazz al folk y del folk al rock y del rock al minimal y de vuelta una y otra vez y de nuevo, Dylan ha sido la única constante musical en mi vida. Cuando me casé, uno de los regalos que llegaron a casa fue un pequeño tocadiscos con un disco suyo y alguna vez creo que quise a alguien porque también quería a Dylan, no sé. Cuando coincidimos en Berlín, decidí no verlo en concierto; pasé la noche comiendo salchichas berlinesas sentada en una vereda y nunca me arrepentí. Una de las noches más bonitas de mi vida la pasé en Rusia con un grupo de poetas ucranianos que no hablaban inglés. Como no teníamos cómo conversar, nos dedicamos a tomar vodka y a escuchar canciones apretados alrededor de mi viejo iPod. Cuando comenzó a sonar Dylan todos nos miramos y abrazamos. “No pasarán”, dijo uno en castellano masticado con el puño en el aire riendo. Éramos hermanos de una misma madre; hijos de países lejanos y distintos, pero de las mismas canciones.

En fin, todos tenemos nuestras historias porque nuestra historia con Dylan no es la historia de la música, sino la de nuestros recuerdos más íntimos. Es la historia de nuestra adolescencia, de nuestros romances, de nuestros excesos y nuestras tristezas. Y por eso es que, a fin de cuentas, el Nobel se siente solo como un pequeñísimo detalle en una historia inmensa e incalculable como lo son siempre las historias de nuestras vidas. Lo que sí sé es que cuestionar ese Nobel porque sus letras se cantaron en lugar de encuadernarse es una tontería. Dylan escribe, por supuesto, y escribe con esa cualidad épica y profundamente de la canción norteamericana. Anoche escuchaba a un físico hablar sobre galaxias y neutrinos y sobre cómo el universo se encuentra en sus escalas más grandes y minúsculas, y pensaba en que sus palabras eran lo más parecido a la poesía que había escuchado en mucho tiempo y en cuánto daño nos hemos dividiendo nuestras distintas formas de crear, separando la música de la poesía y la poesía de la ciencia y la ciencia de la literatura.

Imagen: Everett/Alamy

Imagen: Everett/Alamy

La música de Dylan es parte de nuestra historia íntima, pero también es parte de la gesta de un país, de la identidad de una generación y de la vida de millones de personas en sus respectivos rincones del mundo. Yo espero que más músicos y periodistas y poetas reciban el Nobel de Literatura en el futuro. Y ojalá también un novelista gráfico. Y que los académicos y los puristas continúen sacándose los ojos mientras el mundo sigue girando y nosotros, aquí, escuchando a Dylan toda la noche.