Facebook , feis , historia , noticias , politica , sociedad Jueves, 10 noviembre 2016

Un día como hoy empezó la revolución indígena más grande de América

Escribe: Gastón Gaviola del Río

Hace un año publiqué sobre la revolución de Túpac Amaru, iniciada un día como hoy, en 1780. Por falta de tiempo, sabrán disculpar la reedición, porque siempre es bueno tener memoria. La Ilustración es de Guamán Poma, sobre los castigos de los corregidores a sus indios, a través de sus esclavos negros.


La cuerda de la que colgaron hasta la muerte al corregidor español Antonio de Arriaga la jalaban, entre otros, su propio esclavo negro. Era la mañana del 10 de noviembre de 1780 y apenas 6 días antes, José Gabriel Condorcanqui daba el grito de la trascendental revolución del Cusco, cambiando su nombre permanentemente por uno más acorde con la realeza inca: Túpac Amaru II.

Aquí por supuesto, nadie movió una ceja por el aniversario 235 años de la revolución indígena más grande de América, así que aprovecho para poner unas líneas, agarrando el pretexto del ahorcamiento del buen Antonio, que esa mañana, vestido con hábito franciscano como mortaja, le pasaron una soga por el cuello y lo alzaron hasta que sus pies ya no tocaron el suelo de la lomita de Tungasuca donde pusieron su patíbulo.

Nuestro amigo Ricardo Palma hace de cronista de la historia, y cuenta así en “El Corregidor de Tinta”, cómo fueron sus últimos instantes:

“(…) el altivo español, vestido de uniforme y acompañado de un sacerdote que lo exhortaba a morir cristianamente, oyó al pregonero estas palabras:

Ésta es la justicia que D. José Gabriel I, por la gracia de Dios, inca, rey del Perú, Santa Fe, Quito, Chile, Buenos Aires y continente de los mares del Sur, duque y señor de los Amazonas y del gran Paititi, manda hacer en la persona de Antonio de Arriaga por tirano, alevoso, enemigo de Dios y sus ministros, corruptor y falsario.

En seguida el verdugo, que era un negro esclavo del infeliz corregidor, le arrancó el uniforme en señal de degradación, le vistió una mortaja y le puso la soga al cuello. Mas al suspender el cuerpo, a pocas pulgadas de la tierra, reventó la cuerda; y Arriaga, aprovechando la natural sorpresa que en los indios produjo este incidente, echó a correr en dirección a la capilla, gritando:

-¡Salvo soy! ¡A iglesia me llamo! ¡La iglesia me vale!.

Iba ya el hidalgo a penetrar en sagrado, cuando se le interpuso el Inca Tupac-Amaru y lo tomó del cuello, diciéndole:

-¡No vale la iglesia a tan gran pícaro como vos! ¡No vale la iglesia a un excomulgado por la Iglesia!”.

Y colgaron a Arriaga de nuevo y sin más ceremonia. Aquí vale aclarar que “llamarse a sagrado” o a Iglesia, era una estrategia que se usaba para que la ley no te atrape, pues para la justicia española de la época, en cualquier templo regía la justicia de Dios, donde ellos nada tenían que hacer. Como cuando en las películas de vaqueros los malos cruzaban Arizona y llegaban a México para cruzar la frontera y le sacaban la lengua al sheriff.

Con la diferencia que don José Gabriel le hizo sacar la lengua a Arriaga, pero mientras la multitud ayudaba al esclavo Antonio Oblitas a levantar en peso al funcionario de la corona de Carlos III. El historiador Charles Walker publicó el año pasado a través del fondo editorial de Harvard “La rebelión de Túpac Amaru” de donde saco estos pedacitos de cómo la pasa Arriaga desde que, a punta de palos, lo encierran en el sótano de la casa de Túpac Amaru.

“Tupac Amaru obligó al aturdido Arriaga a escribir cartas a su tesorero en Tinta, pidiéndole dinero y armas con el singular pretexto de estar planeando una expedición contra piratas en la costa. Tupac Amaru mismo fue a Tinta y utilizó la llave de Arriaga para tomar setenta y cinco fusiles, algunas escopetas, pólvora, balas, los uniformes de una compañía de milicias, mulas, plata, 22,000 pesos del dinero de los tributos, varias libras de oro y otros bienes”.

Y así fue cómo don José Gabriel Condorcanqui Noguera, el marqués de Oropesa, el último del linaje de los Sapa Inca, terrateniente de Tinta, curaca de Surimana, Tungasuca y Pampamarca, se fue a la guerra como Túpac Amaru II. No una guerra de independencia como la que libraron Simón Bolívar y José de San Martín. La suya era una guerra de restauración, de expulsión, si se quiere decir, de la presencia europea para resetear todo a la antigua usanza.

Para hacer la historia corta y porque además de esto sí estoy seguro que todavía se habla en los colegios, la revolución fracasó. No sin que antes los representantes de la monarquía española se metieran un susto de pesadilla. A punto estuvo de acabarse su estilo de vida de lujos con la plata manando a torrentes desde las minas de Potosí. Si quieren saber más del tema y les da flojera leer, péguenle una mirada a los dibujos de Huaman Poma de Ayala en su “Nueva Crónica y Buen Gobierno”. Aquí tienen la imagen, por ejemplo de cómo corregidores como Arriaga, ya cien años antes castigaban a los esclavos-trabajadores en las minas que tenían bajo su control.

Imagen vía: Diario Correo

Imagen vía: Diario Correo

El tema es que el alzamiento de Túpac Amaru II fue sofocado. Ahogado en sangre, en realidad. Con una brutalidad que jamás se había visto. Lo que le hicieron al mestizo que osó alzarse contra el poder imperial fue lo que los ingleses denominaban “hangued, drawn and quartered”, cuya traducción libre es “colgado, destripado y descuartizado”.

Tamaño despliegue de violencia se guardaba únicamente a los criminales culpables de alta traición a la corona, como pueden haber visto en “Corazón Valiente” con la ejecución de William Wallace. También fue la condena que le tocó a Guy Fawkes -aunque al pobre lo conocen más por la máscara de Anonymus que se ponen hoy para gritar halloween- cuando trató de volar el parlamento inglés.

Pero volviendo a Túpac Amaru y su final, la sentencia se dio el 18 de mayo del año siguiente -tampoco aquí nadie mueve un dedo por ese día- apenas seis meses después de iniciada la lucha. Manuel Espinavete López, testigo presencial del hecho aquel viernes en la plaza de armas del Cusco, refiere ante escribano público de Su Real Majestad Católica lo que sucedió.

“(…) se ejecutó lo mandado en la sentencia antecedente con José Gabriel Tupac-Amaru, sacándolo a la plaza principal y pública de esta dicha ciudad, arrastrándole hasta el lugar del suplicio un caballo, donde presenció la ejecución de las sentencias que se dieron a Micaela Bastidas, mujer de dicho Tupac-Amaru, a sus dos hijos Hipólito y Fernando Tupac-Amaru, a su cuñado Antonio Bastidas, a su tío Francisco Tupac-Amaru, y a los demás principales de su inicua y perversa tropa. Y, habiéndose concluido por los verdugos las sentencias con todos los reos, en este estado, uno de los citados verdugos le cortó la lengua al dicho José Gabriel Tupac-Amaru, y después le amarraron por cada uno de los brazos y piernas con unas cuerdas fuertes, de modo que estas se ataron a las cinchas de cuatro caballos, que estaban con sus jinetes, mirando las cuatro esquinas de la plaza mayor; y habiendo hecho la seña de que tirasen, dividieron en cuatro partes el cuerpo de dicho traidor, destinándose la cabeza al pueblo de Tinta, un brazo al de Tungasuca, otro a la capital de la provincia de Carabaya; una pierna al pueblo de Livitaca en la de Chumbivilcas, y otra al de Santa Rosa en la de Lampa; y el resto de su cuerpo al cerro de Pichu por donde quiso entrar a esta dicha ciudad; y en donde estaba prevenida una hoguera, en la que lo echaron juntamente con el de su mujer, hasta que convertidos en cenizas se esparcieron por el aire”.

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Ilustración de Micaela Bastidas y Túpac Amaru. Imagen vía YouTube del Ministerio de Cultura

La sentencia incluía que, junto a su esposa, vieran primero cómo asesinaban a toda su familia (también estaba con ellos el esclavo Antonio Oblitas). Su hijo Hipólito tenía 18 años cuando le arrancaron la lengua antes de colgarlo. Fernando tenía 10 años, lo azotaron y lo enviaron a pie hasta Panamá, para embarcarlo luego a una prisión africana.

“No sé si porque los caballos no fuesen muy fuertes, o porque el indio en realidad fuese de fierro, no pudieron absolutamente dividirlo, después que por un largo rato lo estuvieron tironeando, de modo que lo tenían en el aire, en un estado que parecía una araña. Tanto que el Visitador, movido, de compasión, porque no padeciese más aquel infeliz, despachó de la Compañía una orden, mandando le cortase el verdugo la cabeza, como se ejecutó. Después se condujo el cuerpo debajo de la horca, donde se le sacaron los brazos y pies. Esto mismo se ejecutó con las mujeres, y a los demás se le sacaron las cabezas para dirigirlas a diversos pueblos”.

Este es el enlace de la columna, que es más fácil de conservar.

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