discriminación , Facebook , feis , sociedad Martes, 29 noviembre 2016

Un periodista le da clases de tolerancia a un congresista fujimorista que incentiva la homofobia

Escribe: Gerardo Caballero

Hay días en los que mi país me causa un poquito de pena y un poquito de vergüenza. Hoy es uno de ellos. Marco Miyashiro, congresista de la República, ex director de la PNP y uno de los responsables de la captura de Abimael Guzmán, compartió en sus redes sociales un mensaje profundamente homofóbico y que ataca precisamente la alternativa propuesta desde el sector Educación para que el Perú sea un país un tantito más tolerante.

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Imagen: Twitter

La homofobia (que, dicho sea de paso, no significa que el homofóbico bota espuma por la boca en cuanto ve a una persona homosexual, sino que la discrimina, le niega la condición de ser humano con los mismos derechos, con el típico: “Yo no soy homofóbico, pero…”) en el Perú es tal que, de acuerdo a una reciente encuesta elaborada por el IOP-PUCP, el 46,5% cree que a los hombres homosexuales se les debería prohibir trabajar con niños y niñas.

Es más, según la misma encuesta, el 21,9% afirma que “jamás tendría un amigo homosexual o una amiga lesbiana”, y el 19% asegura que se “avergonzaría de tener un hijo homosexual o una hija lesbiana”.

Quienes así piensan seguramente sabrán justificar tales afirmaciones: Que, como un homosexual es un ser extremadamente desenfrenado, se abalanzará, cual Lobo Feroz, sobre los niños a la primera oportunidad que le den; que con un hijo gay no se puede perpetuar el apellido; o que simplemente es preferible evitar orgías en la casa. Refutar cada uno de estos argumentos es una pérdida de tiempo, pero sí es necesario afirmar que estas formas de pensar son producto de décadas de un sistema educativo que en el siglo XXI ya es insostenible. Y lo más paradójico es que el conservadurismo que abraza el congresista Marco Miyashiro descalifica desde el saque la propuesta pensada para que nuestros niños sean más tolerantes.

Puede haber quienes sostengan que un margen de intolerancia es inherente al ser humano. Para discutirlo, sería bueno revisar la Encuesta Mundial de Valores (World Survey Values), que aborda temas relacionados a las actitudes. En este estudio se le pregunta a la gente –entre más de doscientas interrogantes– a qué grupos de personas no les gustaría tener de vecinos. En Chile, el país de América Latina con los mejores resultados en la prueba PISA, un 25,7% mencionó a los homosexuales. En Alemania, gobernada desde hace 11 años por una demócratacristiana, este porcentaje es de 22,4%. Y en Suecia, un país considerado modelo por su calidad de vida, solo el 4,2% dice que no le gustaría tener de vecino a un homosexual.

¿Saben a cuánto sube este porcentaje en el Perú? A 44,3%. Sí, el 44,3% dice que no le gustaría tener a un homosexual como vecino. ¡Somos un país diez veces más intolerante que Suecia! ¿Y qué hacemos? ¿Nos quedamos así contentos con nuestra intolerancia? ¿Acaso no queremos ser una república moderna para nuestro Bicentenario?

No quiero sentir la pena ni la vergüenza que hoy me hacen sentir Marco Miyashiro y quienes piensan como él. Yo quiero sentirme orgulloso de mi país. No quiero sentirme orgulloso del ceviche ni del lomo saltado. Quiero sentirme orgulloso de los peruanos. Podemos ser mejores. Pero para eso hay que cambiar, desde la raíz. Y desde ahora.

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