Facebook , feis Sábado, 24 diciembre 2016

Así celebra la Navidad un ateo como Ricardo Morán (spoiler: la estrella del árbol es un Yoda)

Escribe: Ricardo Morán

Soy ateo. No tengo creencias de ningún tipo. ¿Qué hago entonces el día de Navidad? Esta es una pregunta que me formulan incesantemente en mi vida cotidiana y a través de las redes sociales. Pareciera que existe una preocupación intensa por aquellas personas que, al no profesar ninguna de las religiones disponibles en el planeta, aparentemente estamos condenadas a pasar el 24 de diciembre en la noche en una deprimente soledad, sentadas en una mecedora al lado del fuego, llorando desconsoladas. Imagen absurda dada las temperaturas veraniegas de nuestra Navidad (como son absurdos para nuestra temperatura los tan navideños pinos, la nieve, el Papa Noel más abrigado que esquimal, los renos, el panetón y el chocolate caliente).

Imagen: Jeffrey Brown

Imagen: Jeffrey Brown

Lamento decepcionar a la gran cantidad de mis seguidores que no pueden imaginar un 25 de diciembre sin el niño Manuelito, pastores, pesebres, estrella de Belén y demás personajes, pero la realidad es que la fiesta del 25 de diciembre tiene un origen muy anterior y diferente a la historia que a todos nos hicieron representar en el nido.

La celebración romana de Saturnalia, una semana entera de fiesta y depravación que culminaba el 25 de diciembre, fue convertida en el “nacimiento” de Cristo para lograr que las masas paganas se convirtieran a la nueva religión. Es más, los “árboles” eran adorados por otros cultos paganos. Estos recibieron la aprobación de la Iglesia para meterlos a la casa, siempre y cuando los “vistieran” de símbolos cristianos. Aquí una pintura de referencia para observar cómo se pasaba el 25 de diciembre antes de que lo vistieran de pudor.

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Antes de que empiece el linchamiento (que estoy seguro de que el último párrafo lo ocasionará) por parte de los ejércitos religiosos empeñados en negar la historia, aclaro que el propósito de este artículo no es contarles el verdadero origen de su “Navidad” (el cual pueden averiguar con un par de búsquedas en Google). Mi propósito es solamente contar qué celebramos los ateos o, más precisamente qué celebro yo.

A pesar de que mi natural inclinación sería abrazar plenamente la tradición romana de una semana de juerga sin control, tengo que confesar que me gusta pasar ese día con mi familia. El 24 significa cosas diferentes para cada uno de ellos (desde los ateos declarados como mi hermana y yo, hasta la devoción no ejercida de mi madre, pasando por la alegría de mis sobrinos por los regalos). Y como en el año, los momentos que estamos juntos son pocos, me gustaría dedicarlo por completo a ellos.

Una de mis fantasías más recurrentes (aparte de “esa” en la que con un traje de Darth Vader y un sable de luz real me hago cargo de los homofóbicos en Twitter) es recibir a mi mamá en casa para celebrar juntos las fiestas del 25 de diciembre. Ser yo (por primera vez, a mis 42 años) el anfitrión de las fiestas. 

Recibí, como era de esperarse, una tibia respuesta. ¿Qué más podía pedir? Después de dedicarme años enteros a despotricar contra la historia religiosa de la “Navidad”, era evidente que desconfiaran de mi noble propósito. Probablemente mis parientes se imaginaban que se trataba de una elaborada broma y que terminarían como Carrie en su fiesta de promoción. Cubiertos de sangre de chancho, pero rodeados de villancicos y árboles navideños.

Así que decidí poner de mi parte para animarlos. Me convencí a mí mismo de que si demostraba aunque sea un poco de espíritu de fiestas, todo saldría bien. Y eso pasaba por el elemento más terrorífico de estas celebraciones: la decoración. Una rápida revisión (estética e histórica) de las opciones dio como resultado que el “árbol” era lo suficientemente emblemático y absolutamente pagano a la vez. No hay nada religioso ahí. Con esta seguridad, que los años de investigación antirreligiosa me brindaron, fui a buscar el árbol más convincente que pudiera encontrar. Por supuesto, la tarea más ardua no fue encontrarlo ni pagarlo, sino enfrentarse a la horda de señoras pitucas para las que comprar decoraciones navideñas es una suerte de peregrinación histérica, acompañada de periódicos momentos de indignación ante la sorpresa de que nunca hay suficientes personas para cargarles las bolsas.

Finalmente llegué con el árbol a casa y, por supuesto, no medí la altura.

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Pero en este estado, no me parecía lo suficientemente convincente aún. Faltaba la decoración. Decidido a no incorporar los tradicionales símbolos, me dediqué a buscar algo que me representara mejor. Algo que dijera que estas fiestas eran nuestras, que liberaran el 25 de diciembre del secuestro religioso impuesto desde hace más de mil años.

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Así es. Yoda es el reemplazo ideal para la estrella de Belén. Y después de Yoda, obviamente llegaron todos sus amigos.

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Y el resultado final: mi árbol de Star Wars. Primera y única decoración de mi vida.

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Es la primera vez en mi vida que he decorado mi casa para estas fiestas. Quiero estar con mi familia y esta es mi manera de decirles que estoy feliz de recibirlos. Lo he tratado de hacer de la manera más pagana posible, y he disfrutado mucho del proceso. Estoy seguro de que, a su manera, ustedes hacen lo mismo.fullsizerender-2

Lo que un ateo como yo celebra en Saturnalia, es que puedo estar junto a ellos. Trataré de hacerlo mientras pueda.

Que la fuerza los acompañe.