Facebook , feis Viernes, 2 marzo 2018

Si pedimos la renovación completa de nuestra podrida clase política, ¿por qué no hacer lo mismo con la empresarial?

Imagen: RPP

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Escribe: Juan Fonseca

Ricardo Briceño dijo que Confiep nunca recibió nada de Odebrecht cuando fue su presidente (2009-2011). Roque Benavides lo ha desmentido y ha admitido que recibieron los 200 mil dólares que mencionó Barata.

Roque Benavides dice que los 200 mil de Odebrecht fueron parte de los 2 millones que recaudaron los empresarios para impedir el triunfo de Humala. Afirma que tienen comprobantes de dichos aportes, pero que no puede “asegurar es de dónde vienen los fondos”. Y parece que eso no le preocupa.

Roque Benavides sostiene que Confiep “no hace aportes a partidos políticos”. Luego dice que los 2 millones fueron para defender a la empresa privada contra el “peligro” de Humala.

Si la única candidata que estaba al frente era Keiko, ¿hacer campaña contra Humala no implicaba en la práctica apoyar a Keiko?

La Confiep y Roque Benavides no solo siempre supieron sobre las movidas corruptoras de Odebrecht, sino que las facilitaron. Entonces, la corrupción empresarial peruana no ha sido producto de la “mala influencia” brasileña o del imperialismo empresarial izquierdista de la era Lula, como la derecha lo ha deslizado en varios momentos. La corrupción empresarial llegó al Perú y se encontró con empresarios igual de corruptos o, al menos, complacientes con la corrupción política de alto vuelo.

Roque Benavides, actual presidente de Confiep, también lo fue en el periodo 1999-2000, en la fase más oscura del imperio corrupto del fujimontesinismo. En ese entonces, con todas las evidencias de corrupción al descubierto, Benavides dijo que la actitud de Fujimori había “sido generosa” y pidió que el mismo autócrata “liderara la transición”. Es tristemente simbólico que este empresario, que siempre defendió al fujimorismo corrupto, sea ahora también el que defienda al empresariado corrupto de la era Odebrecht. Solo falta que pida que PPK “lidere la transición”.

Si pedimos la renovación completa de nuestra podrida clase política, ¿por qué no hacer lo mismo con la empresarial?