Facebook , feis Martes, 5 julio 2016

“Pido mil disculpas por el error, con sincera humildad”

Sin título

Lapsus. Imagen: Captura web Youtube

Escribe: Mariella Patriau

Hoy en la mañana, en el noticiero que conduzco en RPP, tuve un lapsus desopilante. Acababa de llegar la sonda Juno a la orbita de Júpiter y desde el switcher nos pidieron a Armando y a mí leer la noticia. Entre los datos que estaban en el gorro de la nota, se apuntaba que habían sido cinco años de misión, lo que hizo suponer a Armando que la nave llevaba tripulación y que ésta había pasado todo ese tiempo en el espacio. Así me lo comentó. Y yo me dejé llevar. De puro volada. Sí, a veces pasa. Pasa en la vida real y también pasa en la tele.
Mandé un emocionado speech acerca de los astronautas que abandonan sus hogares para dedicarse a viajar por el cosmos. Y en medio de mi sentido discurso, fui interrumpida por mi productora Rubí, quien por interno me informaba que la sonda Juno no iba tripulada.

De inmediato rectificamos la información e incluso bromeamos con Armando que habíamos estado un poco en la luna. Y se acabó el programa. Todo esto fue al borde de las 8 de la mañana.
Pido mil disculpas por el error. Con sincera humildad. Y lo asumo de manera totalmente personal. La verdad, al momento de llegar al estudio es imposible haber leído los 80 encabezados de notas que incluyen la pauta del programa y haberlos investigado todos. Por lo general, suelo estar al tanto de la actualidad peruana e internacional pero también soy humana y hay cosas que se me pueden escapar.

¿Esto me define como periodista? No.

He tomado con buen humor las bromas que me han hecho desde temprano a raíz de este asunto. He comentado, retuiteado y puesto me gusta a varias que me han parecido ingeniosas, divertidas y hechas con respeto y buena onda. Los que sí llaman mi atención son aquellos tuiteros y facebukeros dispuestos más al escarnio y al agravio que a la crítica constructiva. Como si una enorme frustración contenida encontrara una feliz expiación gracias a la desventura ajena. En estas últimas horas, más de uno ha aprovechado para llamarme ignorante, bruta, mala periodista, calabazona, mediocre y muchos insultos más. Algunos de ellos demasiado groseros como para reproducirlos aquí. Por supuesto, todos mis aplicados detractores han resultado ser expertos en sondas espaciales, procedimientos de la NASA y los enigmas de Júpiter. Bien por ellos. Sólo he bloqueado a los faltosos.

No me quejo, por si acaso. Soy personaje público desde hace años. Trabajo en la tele demasiado tiempo como para saber que la carne viene con hueso. Y me he equivocado lo suficiente además como para sentirme infalible. Me equivoco. Igual que todos. No pertenezco a esa especie que cree que porque sale en la televisión se convierte en alguien superior. Al contrario, cuando fallo, mi error se multiplica por miles de televidentes. Y al día siguiente hay que estar otra vez allí, dando la cara. Sin perder la sonrisa.