Facebook , feis Martes, 13 septiembre 2016

Ricky Tosso, uno de los pocos actores completos que vio nacer este país

ENTREVISTA A RICKY TOSSO

Foto: Trome

Escribe: Alexis Iparragirre

Veo por mi lado de las redes que no abundan las necrológicas sobre Ricky Tosso. Y de mi parte sería ingrato no hacerla porque mi hermano y yo, muy pequeños, nos desternillábamos de la risa con Los Detectilocos, allá por las remotas noches de viernes del Segundo Belaundismo (no éramos de los niños profundos, de los que meditaban sobre la nadidad y esas cosas).

De Ricky Tosso se puede decir, en parte, que hizo lo mismo que todos los actores que sobrevivieron a los años de la hiperinflación y del fujimorismo: de todo. No descartó nada y, por ello mismo, se ganó la vida y la popularidad, antes que como actor cómico (para lo que nació, sin duda), como bufón de los programas de los sábados en una televisión de entretenimiento pobre y encima arrasada por los desmanes de García y del Fujishock.

Pero Ricky Tosso siempre tuvo, respecto del resto, una ventaja comparativa, porque, a diferencia de muchos bufones de circunstancia, tenía unas dotes espectaculares para la comedia física y podía brincar sobre los malos guiones espectacularmente. Sus caras, sus saltos, sus caídas, sus cachetadas, todo tenían un tiempo marcado por la fatalidad de lo cómico; por ello mismo tampoco huía de la improvisación porque su ingenio físico lo resolvía todo (qué caras se inventaba, cómo se lanzaba con su enorme anatomía, cómo el cuerpo terminó, al final, siendo objeto y propósito de toda broma).

Además, era un actor completo, no solo por formación profesional en la Argentina; provenía de una familia de actores y se hizo uno contra los mejores planes de una vida de arquitecto que soñaba su madre. Sin duda, en un mejor medio, uno que no estuviera hundiéndose, debió ser el mejor bufón de su generación. Aquí le cupo ser un ídolo de multitudes de una televisión mala y al que los circuitos culturales por mucho tiempo miraron de lado.

Por ello, el Ricky Tosso último, el comprometido con la divulgación del teatro, con la formación actoral, incluso con la representación dramática más rigurosa y seria, resultó sorprendente para muchos. Pero en realidad, antes que una transformación, fue el despliegue público del profesional que iba camino a su madurez en mejores tiempos. Dueño de una experiencia actoral impresionante, formador y mentor de primer orden, se volvió abrumadoramente visible para todos que su capacidad para la comedia física nunca provino del azar sino del disciplinado trabajo concienzudo (incluso para abrirse a la improvisación).

Y, de verdad, ya se le veía de mayor haciendo las paces con la alta cultura y asumiendo con temple esos papeles apoteósicos de drama clásico que le cupieron al también difunto Ricardo Fernández (su compañero en Los Detectilocos) en sus días postreros. Hacia ello apuntaba su potencia actoral. Por ello resulta una verdadera y muy sentida pena su partida prematura.

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