Facebook , feis Martes, 20 diciembre 2016

La reunión de PPK y Keiko no debió llevarse a cabo sino en Palacio de Gobierno

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Foto: La República

Escribe: Gerardo Caballero

Que el cardenal Cipriani haya puesto a rezar de rodillas al presidente del Perú –que es un país laico desde hace 83 años– me parece casi anecdótico. Vamos, sucede cada 28 de julio.
Pero lo que sí resulta inédito y me parece grave de esta impostada cumbre por la gobernabilidad es que un caprichoso alarde de poder haya primado sobre la dignidad de la investidura presidencial. Para decirlo de una vez: La reunión de hoy no debió llevarse a cabo sino en Palacio de Gobierno.

Desde que cayó el fujimorato, los jefes de Estado se han reunido con los líderes de oposición únicamente en la llamada Casa de Pizarro. Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala: ninguno de ellos debió abandonar la sede de gobierno para citarse con algún otro líder político. El único que puso reparos en su momento fue Humala. Es un besamanos, argumentó con su estilo calculadamente irreverente.

¿Y cómo reaccionaron quienes entonces aplaudían a García y hoy celebran a Keiko Fujimori? Acusaron a Humala de irrespetar la investidura presidencial. Y no les faltaba razón.
En toda democracia, existen normas implícitas de respeto a la dignidad del mandato popular. Como explicó Carme McEvoy en una columna publicada hace tres meses, la dignidad de un jefe de Gobierno (que además es jefe de Estado) nace del honor del cargo que ostenta, pues su soberanía emana del pueblo. Y una de esas reglas implícitas es que el más alto dignatario de la Nación siempre –siempre– sea el anfitrión y que nunca abandone la sede que simboliza su poder.

Hagan memoria: Todo presidente, rey, jeque o jefe de gobierno que haya visitado el Perú siempre ha acudido a Palacio de Gobierno para reunirse con el presidente de la República. ¿Se imaginan cuán humillante hubiera sido que el dignatario elegido por los peruanos se desplazara al hotel Marriot o a la embajada de Estados Unidos para reunirse con George W. Bush o con Barack Obama?

Bueno, pues, eso es lo que ha ocurrido hoy (ayer).

Tan importante es la investidura presidencial que la misma Constitución la reconoce cuando dice que el presidente de la República “personifica a la Nación”. Algo que no sucede con los congresistas.

Y aunque esto no es asunto de números, sería bueno recordarles a quienes les encanta alardear de mayorías que Pedro Pablo Kuczynski está donde está porque 8’596.937 peruanos votaron por él. En cambio, los 130 candidatos fujimoristas al Congreso recibieron, todos ellos juntos, 4’431.077 de votos.

Hace un par de semanas, la oposición argentina (encabezada por el kirshnerismo) aprovechó su mayoría parlamentaria para cortar un debate y aumentar al caballazo el límite mínimo de ingresos a partir del cual se cobra el impuesto a la renta. Ante tamaño abuso, el discurso de la diputada macrista Silvia Lospennato se hizo memorable:¡No son democráticos! –les reclamó, airada, a los kirshneristas– No saben ser democráticos. No les alcanza con perder las elecciones, siguen siendo tiranos. […] ¡No ganan las elecciones pero quieren venir a gobernar!”.

Pienso que sería bueno que alguien en el Perú le plante cara así a la nueva mayoría. Y sería bueno también que alguien le recuerde a Kuczynski que le fue concedida la dignidad de la presidencia de la República para que la respete y la haga respetar, no para que a la primera señal de peligro se hipoteque al fujimorismo y salga de casa a satisfacer absurdos caprichos. Todavía no es Navidad.

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