Facebook Sábado, 14 noviembre 2015

«El extremismo del Estado Islámico (como antes fue el de los talibán), es más bien reciente.»

Los atacantes de Francia. Foto: El País

Escribe Roberto Bustamante

El islam no está fuera de occidente. Como lo han demostrado autores como Jack Goody (recomiendo sus libros «El islam en Europa» y «El robo de la historia»), compartimos una misma herencia con el mundo islámico. Los trasvases culturales hacia «uno y otro lado» son múltiples y diversos. Como ejemplo, siempre se dirá que mientras en la edad media europea, el catolicismo imponía una cortina de hierro de impacto muy profundo, la esfera musulmana fue la luz que guió occidente, con sus enormes bibliotecas, sus filósofos y sus avances científicos. Mientras muchos libros eran prohibidos en la Europa Católica, otros tantos eran estudiados y leídos, manuscritos y textos que evocaban el espíritu de la Grecia de Aristóteles, que sin ellos, difícil que podamos ahora discutirles o pensar la democracia, la razón y el estado. El islam ha estado en Europa desde el siglo VII y aún hay gente que la considera «los otros».

El extremismo del Estado Islámico (como antes fue el de los taliban), es más bien reciente. Rechaza toda forma que se aleje de lo que ellos consideran es parte de la naturaleza humana, que se hizo a imagen y semejanza de Alá. Rechaza el culto a los ídolos. Considera a la familia hombre-mujer como la familia natural (y por lo tanto castigan a los homosexuales). Descarta el pensamiento crítico, el que se pregunta por el origen de las cosas ¿Les suena parecido? ¿Familiar? ¿Nos ponemos o no en el zapato del otro?

¿Qué hace que un joven francés, hijo de migrantes, termine en una agrupación como esta? Esa es la pregunta que pocos quieren hacer. ¿Cómo hacemos para evitarlo? Por allí leo a algunos fundamentalistas, de los nuestros, que frente al Estado Islámico, proponen que se implante la educación cristiana obligatoria. Como si la educación cristiana automáticamente generara hombres buenos. La evidencia hace rato ha demostrado lo contrario. Hay algunos que consideran que la religión no tiene nada que ver. Nuevamente, no nos estamos poniendo en los zapatos de ese otro, que ha encontrado en la fe y en una religión la respuesta a sus problemas cotidianos.

Algunos rezarán, otros meditarán. Yo me sumo a la idea del pensar, que la considero más amplia e inclusiva. Cada uno procesará lo ocurrido a su modo y manera. Pero no caigamos en el voluntarismo ni en la conspiranoia. Me reafirmo, pensemos.

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